domingo, 20 de noviembre de 2016

Antología Personal de Antonio Machado

Antonio Machado Ruiz nació en Sevilla el 26 de julio de 1875. Fue un poeta español, el más joven representante de la Generación del 98. Fue de formación liberal y tuvo una juventud con cierto aire bohemio. Era partidario de la República por lo que tiene que exiliarse a Francia en 1939. En ese mismo año muere en Collioure.

Sus obras se dividen en tres etapas, las obras características de cada una de estas etapas son Soledades (1903), Campos de Castilla (1912) y Nuevas canciones (1924).

La primera etapa está representada por el Modernismo intimista, escribe “ mirando hacia dentro”, son versos que expresan melancolía, soledad y angustia. También es una poesía simbolista ya que hace referencia a símbolos como  la tarde, el agua o la noria. Esto representa realidades más profundas, de estados de ánimos o de obsesiones íntimas.

En la segunda etapa dominan los cuadros de paisajes y de gente, o las reflexiones sobre la realidad de España. Machado intenta transmitir sus sentimientos sobre los paisajes y selecciona lo que sugiere soledad o fugacidad, sus íntimas obsesiones. En esta época su estilo es más sobrio.

En la última etapa dominan los nuevos proverbios y cantares, sus temas eran constantes como el tiempo.

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;
mas recibí la flecha que me asignó Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Este poema pertenece al libro Campos de Castilla (1912), escrito durante la segunda etapa.

El autor hace referencia a su vida, comienza refiriéndose a su infancia en Sevilla, a su juventud en Castilla y finalmente planeando su último viaje, la muerte.

He seleccionado este poema ya que me parece una pequeña biografía que hace el autor sobre sí mismo. En ella destaca el amor por Leonor, su humildad y su personalidad.


POR TIERRAS DE ESPAÑA

El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—;
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.

Este poema pertenece al libro los Campos de Castilla (1912), escrito en la segunda etapa de Machado. En el describe el maltrato que sufren las tierras españolas por los ciudadanos.

También hace referencia a la envidia o tristeza de las personas frente a los triunfos de otras. Y esto hace que no disfrute de sus éxitos. Es algo muy importante ya que cada uno debe de centrarse en lo suyo y conseguir lograrlo, esta es una de las razones por las que he elegido este poema. Otra es porque refleja claramente el tipo de poesía que escribía el poeta en esta etapa.


ORILLAS DEL DUERO

¡Primavera soriana, primavera
humilde, como el sueño de un bendito,
de un pobre caminante que durmiera
de cansancio en un páramo infinito!

¡Campillo amarillento,
como tosco sayal de campesina,
pradera de velludo polvoriento
donde pace la escuálida merina!

¡Aquellos diminutos pegujales
de tierra dura y fría,
donde apuntan centenos y trigales
que el pan moreno nos darán un día!

Y otra vez roca y roca, pedregales
desnudos y pelados serrijones,
la tierra de las águilas caudales,
malezas y jarales,
hierbas monteses, zarzas y cambrones.

¡Oh tierra ingrata y fuerte, tierra mía!
¡Castilla, tus decrépitas ciudades!
¡La agria melancolía
que puebla tus sombrías soledades!

¡Castilla varonil, adusta tierra;
Castilla del desdén contra la suerte,
Castilla del dolor y de la guerra,
tierra inmortal, Castilla de la muerte!
Era una tarde, cuando el campo huía
del sol, y en el asombro del planeta,
como un globo morado aparecía
la hermosa luna, amada del poeta.

En el cárdeno cielo vïoleta
alguna clara estrella fulguraba.
El aire ensombrecido
oreaba mis sienes y acercaba
el murmullo del agua hasta mi oído.

Entre cerros de plomo y de ceniza
manchados de roídos encanares,

y entre calvas roquedas de caliza,
iba a embestir los ocho tajamares
del puente el padre río,
que surca de Castilla el yermo frío.

¡Oh Duero, tu agua corre
y correrá mientras las nieves blancas
de enero el sol de mayo
haga fluir por hoces y barrancas;
mientras tengan las sierras su turbante
de nieve y de tormenta,
y brille el olifante
del sol, tras de la nube cenicienta!...

¿Y el viejo romancero
fue el sueño de un juglar junto a tu orilla?
¿Acaso como tú y por siempre, Duero,
irá corriendo hacia la mar Castilla?


Este poema pertenece al libro los Campos de Castilla (1912), escrito en la segunda etapa de Machado.
El paisaje que describe es uno que él conoce muy bien ya que le vivió durante gran parte de su vida en Castilla.

He elegido este poema porque pienso que es uno de los más significativos para Machado ya que describe un lugar con mucha historia para él.


ERES TÚ GUADARRAMA, VIEJO AMIGO

¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos
y por tus cumbres agrias,
mil Guadarramas y mil soles vienen,
cabalgando conmigo, a tus entrañas.


Este poema pertenece al libro los Campos de Castilla (1912), escrito en la segunda etapa de Machado

Hace referencia a la etapa que vivió el poeta en Madrid, de donde conservaba buenos recuerdos y siente nostalgia de que esos años en la capital acabaran.

El seleccionado este poema ya que pienso que el poeta añoraba su etapa en Madrid y la Sierra de Guadarrama. También hace reflexionar ya que las cosas terminan pero siempre quedará el recuerdo de como las vivimos y sentimos.



I EL VIAJERO

Está en la sala familiar, sombría,
y entre nosotros, el querido hermano
que en el sueño infantil de un claro día
vimos partir hacia un país lejano.

Hoy tiene ya las sienes plateadas,
un gris mechón sobre la angosta frente;
y la fría inquietud de sus miradas
revela un alma casi toda ausente.

Deshójanse las copas otoñales
del parque mustio y viejo.
La tarde, tras los húmedos cristales,
se pinta, y en el fondo del espejo.

El rostro del hermano se ilumina
suavemente. ¿Floridos desengaños
dorados por la tarde que declina?
¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

¿Lamentará la juventud perdida?
Lejos quedó —la pobre loba— muerta.
¿La blanca juventud nunca vivida
teme, que ha de cantar ante su puerta?

¿Sonríe al sol de oro,
de la tierra de un sueño no encontrada;
y ve su nave hender el mar sonoro,
de viento y luz la blanca vela henchida?


El ha visto las hojas otoñales,
amarillas, rodar, las olorosas
ramas del eucalipto, los rosales
que enseñan otra vez sus blancas rosas..

Y este dolor que añora o desconfía
el temblor de una lágrima reprime,
y un resto de viril hipocresía
en el semblante pálido se imprime.

Serio retrato en la pared clarea
todavía. Nosotros divagamos.
En la tristeza del hogar golpea
el tictac del reloj. Todos callamos.

Este poema pertenece al libro Soledades (1903), escrito por Machado durante su primera etapa.

Machado expresa en este poema su angustia por el paso del tiempo y la muerte, muestra cierta obsesión en sus poemas.

Lo he elegido ya que todos alguna vez hemos temido al paso de los años, que sin darnos cuenta pasan muy rápido y con ello llega el descanso eterno. También lo he seleccionado porque se plantea cuestiones que todos nos hemos hecho en algún momento cuando ha fallecido alguien de nuestro alrededor.


V RECUERDO INFANTIL

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.


Y todo un coro infantil
va cantando la lección;
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.


Este poema pertenece al libro Soledades (1903), escrito por Machado durante su primera etapa.

El poema describe con añoranza como fue la etapa escolar del autor, sus clases, su profesor y de la manera que aprendían.

Lo he seleccionado ya que la infancia influye mucho en las personas a lo largo de su vida, es la etapa más importante y la que nos forma para un futuro.


II

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a donde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.


Este poema pertenece al libro Soledades (1903), escrito en la primera etapa de Machado.
En el describe la vida cotidiana de la gente sencilla y el paso del tiempo, hasta llegar al día de su muerte. Se basa en lo que él ha visto a lo largo de su vida.

He elegido este poema ya que pienso que hay que disfrutar de la vida y tomarsela de una manera relaja porque ninguno saldremos vivos de ella. Todos acabaremos un día de la misma forma por lo que es mejor haber vivido humildemente y feliz a ricamente y triste.


CXV A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Este poema pertenece al libro los Campos de Castilla (1912), escrito en la segunda etapa de Machado. En el describe como un olmo viejo, vuelve a vivir con la llegada de la primavera.

Machado escribe este poema mientras su mujer está enferma y desea que se recupere como el olmo viejo. No pierde la esperanza en que le suceda lo mismo que al olmo con el milagro de la primavera.

He seleccionado este poema ya que pienso que por muy oscuro que sea el camino siempre habrá una luz, es decir, un poco de esperanza para seguir avanzando.

XCII

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera.
....................................

Yo conocí, siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.


¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!


Machado habla de su infancia y de la alegría de esa etapa. El autor transmite que para él fue un época feliz de la que guarda buenos recuerdos.

He elegido este poema porque la infancia me parece una de las mejores etapas ya que tienes tiempo para todo, puedes jugar y divertirte con tus amigos sin ningún tipo de preocupaciones.


LIII A UN NARANJO Y A UN LIMONERO

VISTOS EN UNA TIENDA DE PLANTAS Y FLORES

Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte!
Medrosas tiritan tus hojas menguadas.
Naranjo en la corte, ¡qué pena de verte
con tus naranjitas secas y arrugadas!

Pobre limonero de fruto amarillo
cual pomo pulido de pálida cera,
¡qué pena mirarte, mísero arbolito
criado en mezquino tonel de madera!

De los claros bosques de la Andalucía,
¿quién os trajo a esta castellana tierra
que barren los vientos de la adusta sierra,
hijos de los campos de la tierra mía?

¡Gloria de los huertos, árbol limonero,
que enciendes los frutos de pálido oro,
y alumbras del negro cipresal austero
las quietas plegarias erguidas en coro;

y fresco naranjo del patio querido,
del campo risueño y el huerto soñado,
siempre en mi recuerdo maduro o florido
de frondas y aromas y frutos cargado!

En este poema Machado hace referencia a un naranjo y a un limonero que han sido trasladados desde Andalucía hasta Castilla.

He seleccionado este poema ya que pienso que cuando se está lejos de tu lugar de origen,
las personas nos empezamos a marchitar, es decir, añoramos nuestra tierra como ocurre en el caso del naranjo y limonero.

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